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El misterio de Giovanni y el perro dálmata

Artículo de la sección:

Desgarro muscular

Primer plano de un perro dálmata

El canino atravesó la improvisada cancha, para sorpresa de los jugadores, a las 12 horas pasadas. Olfateó unos arbustos más adelante. Y después nadie lo volvió a ver. La policía nos interrogó sin demasiado interés; meses atrás había desaparecido un niño de nombre Giovanni, ojos claros y cabello rubio, y quien vestía la misma ropa día tras día, hijo de una pobre mujer que invadía ilegalmente un terreno en nuestra calle junto con sus demás criaturas sin padre.

Alguien comentó que su madre lo había vendido a unos gringos, otro más dijo que se había ido para el monte. Nunca se supo que ocurrió. Lo cierto era que el asunto se complicaba aún más con el extravío de la mascota del nuevo vecino. Tiempo después los pobres se fueron para otro lado. Y el misterio de la desaparición de Giovanni nunca fue esclarecido.

Niños jugando fútbol

El otro misterio, el del condenado perro dálmata, tiene como telón de fondo un partido de fútbol callejero tal y como lo dije al inicio del relato y lo repetí a los agentes de policía que me interrogaron. Yo vivía en una calle ciega, lo que en Colombia llamamos una glorieta porque al final de la vía siempre se observa una especie de plazoleta, de uno de los tantos barrios populares que hay en Bogotá. Y cada domingo desde que viví en aquel lugar, unas cuantas personas enjuagaban y luego polichaban sus preciados automóviles, y otras tantas, la mayoría, jugaban al fútbol durante horas o tan sólo se apostaban en los andenes para olvidar que no tenían ni una pinche cama donde caerse muertos.

Cuando gritaron gol me asomé a la ventana, dijo Doña Transito, esposa de un funcionario del distrito. En ese momento el perro levantaba la pata y salpicaba su puerta. Nótese que dicha casa se encuentra frente a la glorieta y la vista es insuperable. Jorge Rojas y Marina de Rojas habían comprado recientemente un Renault 18. El Flaco, así le decía su esposa, desmontaba las cuatro llantas para curar la oxidación de los guarda polvos con petróleo y Marina lo observaba de pie, agitando su faldita de flores. Marina dice haberle servido un poco de agua al condenado perro. “Un balonazo en la carrocería del 18 espantó al manchas justo cuando se inclinaba a beber de la vasija”, dijo la mujer. Los gemelos Hernández, dueños y señores de un emporio transportista, no vieron ni oyeron nada. La policía siempre los interrogaba en primer lugar y siempre obtenían la misma respuesta de los gemelos. Rita Solano estaba de paseo en Melgar y nadie respondió el teléfono en su casa. Pedro Nel Sánchez, por su parte, reconoció la fotografía del animal que le enseñaron los patrulleros y de paso denunció el robo sistemático del cual era víctima por parte de su hijo drogadicto, el goleador del torneo dominical. La familia Gallego se encontraba en la iglesia, y al enterarse de los hechos, resolvió dejar el asunto en manos del Altísimo.

Imagen de un perro dálmata

A la hora del almuerzo la única persona que permanecía en la calle mirando bajo las puertas de los garajes era el dueño del perro dálmata, un desconocido que ocupaba una casa de dos plantas, enrejado color beige, cinco habitaciones y dos baños y un extenso garaje que atravesaba la construcción y llevaba hasta al patio interior donde sobresalía un frondoso cerezo. Lo sé porque mi abuela Hilda Sofía insistió en visitar aquella casona solamente para calmar su curiosidad. Y yo que pensaba que la gente de los barrios populares se asociaba en la desgracia, se reconfortaba hasta en la pérdida de un perro o un ser querido.

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