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Sobrados de cine I

Artículo de la sección:

Desgarro muscular

Hablando de cine

No se trata de un escalafón. Ni tampoco es cuestión de poner estrellas o caritas felices que contabilizadas dicen poco. Por alguna razón mis boletas de cine, las colillas quiero decir, están en el vaso. Yo mismo me pregunto por qué. Y además quién trajo ese vaso, qué hace en mi repisa. Es un vaso esbelto. Tiene el fondo cóncavo y un culo fuerte. Y la inscripción dice William Lawson’s. Intrigado escribo William Lawson en Google y abro una página negra y me sorprendo al descubrir que fue «un aventurero escocés de extracción humilde, pero con grandes ideas.» Contrajo matrimonio en 1881, viajó a Dublín y allí hizo fortuna con la bebida. Como la gente paga su entrada a cine para reírse, varias de las películas y documentales aquí referidos jamás tendrán un lugar en la cartelera colombiana. Pero una posibilidad se abre con Internet.

Attenberg (2010) Athina Rachel Tsangari

Un hombre va a morir. Una chica quiere perder su virginidad. Son padre e hija. La muerte parece lejana, el sexo opuesto asqueroso y el contacto sexual imposible. Pero en algún instante se tocan. En un comienzo hubo dos lindas jóvenes besándose frente al lente. Una siente arcadas; le repugna la sensación carrasposa en su lengua. La otra la recrimina. Debe esforzarse si quiere aprender. Después caminan por un callejón (al cual vuelven una y otra vez) mientras una oye y la otra habla de todos esos falos existentes y del verdadero olor del semen. Ya vendrá el momento de poner en práctica sus conocimientos. Luego irrumpe el solitario ingeniero de una refinería donde la chica inexperta trabaja como conductora. Parece el momento indicado. Pero su padre se apaga y no ha tenido sexo en años. ¿Qué hacer? Hay que encontrar una solución. Y muy rápido. Sé que me quedo corto porque omito, por ejemplo, el protocolo funerario. Aún tengo presente la escena en que padre e hija juegan en la cama a imitar gorilas y pájaros y focas polares y lo que sea qué describa Sir Attenborourg, el famoso naturalista de la BBC. De ahí el título. De una mala pronunciación extranjera. Y parece que también surgiera la idea central: el hombre quisiera entender a los animales sin entenderse él mismo y los gorilas y patos son quienes en realidad nos observan. Es apenas una película extraordinaria. Ha sido considerada igualmente insípida y lenta, incluso perteneciente a una «corriente posmoderna», según un cronista mexicano y confieso que no entendí. Pero el rótulo no importa, es austera, de una técnica sencilla e impecable, muy femenina y muy fría. Alejada, alejadísima de la representación idílica de la costa griega con casitas inmaculadas. Para la muestra ciertas fotos y acuarelas de restaurantes y agencias de viajes. En ese país en ruina y derruido hasta las chicas lindas escupen por las ventanas. Con música de la banda Suicide y una balada de Françoise Hardy.

Honk – To Stop Executions (2011) Arnaud Gaillard y Florent Vassault

El automóvil es amplio, como suele producirlos la industria norteamericana. Pero podría ser también japonés. No lo sé porque es de noche. Y los autos no son mi fuerte. Creo que es automático. En su interior tres generaciones de mujeres de una misma familia hablan mientras se dirigen a la ejecución de Ronnie Lee Gardner, el asesino de su esposo, padre y abuelo. Ellas charlan con soltura del horrible evento que van a presenciar, de la testarudez del victimario quien nunca quiso excusarse. A veces sus palabras parecen insinuar: «que ojalá se pudra en el infierno.» Otras: «pobre diablo.» Incluso: «¡por favor, perdónenlo!». La joven conductora, lo cual quizá la disculpa, dice textualmente que siempre ha querido ver morir a alguien. La conversación se prolonga, al día siguiente, durante una barbacoa en el jardín. Los chiquillos, que no llegaron a conocer al abuelo, juegan en la computadora. Entre ejecuciones nocturnas, conferencias de prensa con alguaciles y periodistas conmocionados y testimonios diversos (impactante el de un hombre que logró escapar del corredor de la muerte tras 22 años de reclusión, lo hizo no porque fuera inocente sino por la tenacidad de su padre, un antiguo oficial de la marina), una horripilante presentación de jeringas y dosis letales, la poca gente que se opone a la pena de muerte pita, hace «beeep» frente a las prisiones en señal de protesta. Repito, la gente pita. Pero moteles baratos, comercios, restaurantes y museos proliferan en sus alrededores. En algunos casos, como en Huntsville, Texas, la economía local gira en torno a la muerte. Dos ejecuciones al mes se llevan a cabo en dicho lugar. En completa asepsia. La cuestión musical merece un comentario. La escogencia de Strange Fruit, en versión de Nina Simone, es significativa. Su letra (un poema que Abel Meeropol hace llegar a Billy Holiday en 1939) cuenta la historia de los extraños frutos que colgaban de los árboles en la época de los linchamientos de negros ocurridos en el sur de los Estados Unidos. En nuestro país, por razones que llamaré extrañas, un debate parecido resultará trivial y lejano. «Justicia de la eliminación y de la angustia», así se refería a la pena capital el ministro francés de la justicia, Robert Badinter, quien obtuvo su abolición en 1981. Y quién nos dice que Badinter no es un político como cualquier otro.

Shame (2011) Steve McQueen

El joven y brillante Steve McQueen, no confundir con el difundo, lo cual sería descabellado, pone en escena una personalidad hermética, compleja y carente de interés de no ser por el aspecto sexual. Y esto quiere decir que el personaje no es Ben Stiller, ni siquiera el recordado Jim Carrey con sus muecas. Es como es. Su pasado entero lo resume en dos frases, no habla del porvenir, sueña muy poco y cuando lo hace dura apenas unos segundos. Pero hay algo más. Un hombre está boca arriba en la cama, inmóvil. Se pone en pie, camina desnudo por un pasillo, activa el contestador, bebe agua mientras oye un mensaje, orina con la puerta abierta y el chorro es nítido y visible como su pene. En la ducha, tras la cortinilla, se masturba. Brandon parece un hombre normal. Y hasta cierto punto lo es. Trabaja en Manhattan, su jefe lo adula, es apuesto y elegante, bebe copas con sus compañeros, el departamento lo está pagando en cómodas mensualidades, pero es soltero. Brandon se masturba en el trabajo, su computadora está en reparación por algún virus extraño, paga prostitutas, persigue mujeres en el metro e incluso tiene sexo con desconocidas en callejuelas oscuras. La situación empeora cuando su hermana arriba de improvisto. Ella es cantante de cabaret. La relación, aunque tensa, es buena. Una noche, al abrir la puerta del baño, lo descubre tocándose. A la joven le causa gracia. En una conversación reposada se hieren mutuamente. Brandon termina por echarla. Ella se va tirando la puerta. Brandon quiere cambiar. Se deshace de su prolija colección de revistas y videos, tira la computadora a la caneca. Y decide salir a correr para despejarse las ideas. Lo noche que vive es de libertinaje. Pero renace un hombre nuevo. Brandon intenta entablar una relación con una compañera de trabajo. El entusiasmo dura poco. Es una película terrible, psicológicamente hablando, porque más de uno se puede ver reflejado. Pone lo cotidiano bajo la óptica de una enfermedad con graves secuelas.

Comentarios: (1)add comment

Perro del Infierno :

...
Tiene razón. Ninguna de estas películas ha tocado la cartelera colombiana. El problema de la distribución va más allá de la piratería, pues el consumidor nunca va a poder tener legalmente en su mercado la oferta de un gran porcentaje del espectro cinematográfico del mundo. Por eso que viva la piratería y los sitios para ver películas en internet.
 
enero 17, 2012
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