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Películas para fumarse: Pavor y Repugnancia en Las Vegas

Artículo de la sección:

El Bartoleo

Pavor y Repugnancia en Las Vegas

Dir: Terry Gilliam (1998).

Agarra un libro, exprímelo, discute con tus amigos, saca los pedacitos que más te gusten, pégalos sobre una hoja en blanco y así tendrás tu anhelado guión. No vayan a creer que un tipo con el rigor de Terry Gilliam va a asumir este método de trabajo a la ligera. Lo que pasaba es que llevaba años intentándolo pero no podía conseguir el resultado deseado.

El gonzoperiodismo requiere ese tipo de riesgos, por eso nadie sino ex Phyton ha podido trasladar esa atmósfera al cine. No quería ser fiel con la historia sino con el ambiente. Hunter Thompson se sentaba frente a la máquina de escribir y en un acto reflejo comenzaba a dejarse llevar por el río de palabras que lo arrastraba. Guilliam quería volver a escribir la novela pero iba a reemplazar la pluma por una cámara.

Llamó a su compinche Alex Cox y ambos se sentaron con otro grupo de noveles guionistas a desenmarañar esa selva de momentos. Un par de hombres demasiado viejos para ser hippies está entrando en su descapotable rojo al estado de Nevada. Van a cubrir una competencia de motocicletas y de paso piensan encontrar el epicentro del sueño americano. Llevan en el baúl de su auto todas las drogas que te puedas imaginar. Desde mescalina a éter pasando por vareta, cocaína y ácidos. Nada podríamos reprocharle a este par de drogos estrafalarios sino fuera por en Nevada el hecho de que te encuentren con un porro en las manos te da para que te encierren por toda la vida.

Abre con una frase del Doctor Johnson “Aquel que se hace de si mismo una bestia se libra del dolor de ser hombre”, los murciélagos están allí, revoloteando por tu cabeza, sientes que son fantasmas del ácido, de todas las fiestas de mañana, pero no… los murciélagos han roto el delgado celofán que los separaba de la realidad. Tienen media hora antes que el LSD te ponga a hablar con tu abuelita muerta, la vieja está bien, solo que no sabías que había muerto con un cuchillo atravesándole la garganta. Tienes el tiempo justo para pagar en la recepción y darle al botones las maletas para que te la suban a tu cuarto. Pero todos los relojes se derriten cuando el ácido galopa en tu cabeza, ya vas a ver la sangre que destilan por los poros los velociraptotes cuando toman licor.

No es una película, tampoco un documental. No pretende ser el testimonio de una época sino la visión del fin, la ola retrocediendo y dejando a estos dos hijos de Dios solos en un mundo que ya no es de ellos, los ha dejado allí la ola que rompió y retrocedió abandonados en esa playa como inofensivas estrellitas de mar. Gilliam llamó no solo a sus amigos para que lo ayudaran a adaptar el libro sino a los amigos de Hunter Thompson para rodear la producción. Todos sabían de la admiración que sentía Johnny Depp por el creador del gonzoperiodismo, en las fiestas solía imitar su voz así que lo llamó, el joven que alguna vez fue Eduardo aceptó complacido.

La historia en la que se basaba el libro era real. Todos saben que fue el resultado de dos extraños, esquizoides y sicodélicos reportajes que había hecho el Doctor Thompson para la Rolling Stone. Lo acompañó al viaje el abogado Óscar Zeta Acosta, toda una celebridad de la comunidad chicana. Un tipo salvaje. Los que creen que la actuación de Benicio Del Toro resulta exagerada se equivocan; Zeta Acosta podía tener la capacidad de destruir un hotel si la mezcalina le jugaba una mala pasada.

En su momento fue un absoluto fracaso de taquilla, algo que era de esperarse. Nadie, en plenos noventa quería escuchar hablar de nostalgias sesenteras. Gilliam tuvo la valentía de ser sincero, de no andarse por las ramas e hizo esta guía para todos los que quieran entrar al universo del exceso, todos los que alguna noche quisieron descender al nivel de la bestia para quitarse el dolor de ser un hombre.

Catorce años después la película se ha convertido en una obra de culto y en la mejor de las adaptaciones que le han hecho a los libros del Doctor Thompson. Ideal para ver un viernes en la noche, poco antes de que te conviertas en un monstruo, perfecta para tomar impulso. Los domingos en cambio puede producir depresión sobre todo si la vez a las cinco de la tarde. Algunos drogos que la han visto a esa hora han afirmado en sus notas suicidas haber visto la ola retroceder antes de apretar el gatillo

Comentarios: (1)add comment

Mastagio :

...
Y qué pasó con las 10 peores? van en este ranking?
 
agosto 11, 2012
Votos: +0

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