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Daniel Pasarela: La leyenda del gran capitán II

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Artículo de la sección:

El Futbolólogo

Daniel Pasarella

La historia que sigue es la del Mundial 78. En la crónica “1978: No llores por mí Argentina” escribí algo sobre la utilización política del torneo, sobre los negociados de la FIFA con Adidas y sobre la campaña pro-argentina de Burson–Masteller. Pero como ahora se trata de una biografía, lo que toca es intentar ver las cosas desde adentro, metiéndonos en la cabeza del futbolista que era Daniel Passarella.

Por empezar quisiera recordar algunas cosas. La primera, que a los 25 años, edad que tenía Passarella en 1978, ser futbolista significaba vivir un poco en las nubes. Más de un integrante de ese plantel conocía la privación de derechos que afectaba a la población, pero no podía hablar de ello. Las preguntas incómodas que hacían los periodistas extranjeros eran precisamente eso, incómodas, y al estar tan silenciado el ambiente, los jugadores tenían que entrenar y actuar como si nada pasara. Por ello es que muchos campeones del 78 fueron juzgados con el tiempo de antipatriotas. A quién le importaba si el colega Paul Breitner renunciaba a acompañar a los alemanes declarándose en contra del golpe, o si Ronnie Hellstrom, arquero sueco, tuviera el gesto de caminar con las madres de los desaparecidos el día mismo de la inauguración. Estaba claro que ellos podían porque eran de afuera. En cambio, cualquier futbolista argentino que se declarase en contra del Mundial o de la dictadura en aquella época, no solo daba por terminada ahí mismo su carrera en el país -razón por la cual los militares impulsaban la convocatoria de componentes del medio local- sino que además debía irse, de ser posible con vida.

Por otra parte, hay que ver qué era la selección argentina para el futbolista albiceleste de aquellos años. Roberto Perfumo, ex integrante del combinado nacional entre 1964 y 1974, dijo varias veces que jugar para Argentina en su época era un problema porque la selección arribaba casi siempre a los mundiales mal preparada. Él mismo lo experimentó en Inglaterra 66 y Alemania 74, en equipos minados de craks que acababan sin mas premio que el de campeones morales. Por lo tanto, este Mundial del 78 era una oportunidad de reivindicarse con la historia. Se jugaba por primera vez en el país y el equipo tenía que ganar.

Y en ese proceso (perdón por la palabra) fue fundamental la figura de Menotti, que preparó un grupo totalmente nuevo con mucho detalle y oficio. Nunca la selección había tenido un proyecto tan serio. Al gobierno le gustó mucho el trabajo del rosarino y no faltó oportunidad para hacer spots publicitarios como este que protagonizó Passarella, eso sí, auspiciados por empresas extranjeras.

Como dije antes, se empezó de cero con un equipo practicamente nuevo. Fillol, que fue suplente en el ´74, ocupó el arco. De los defensores titulares del anterior mundial (Wolff, Perfumo, Heredia y Sa) no quedó nadie. Dos zagueros del torneo sub-23 , Passarella y Tarantini, les reemplazaron, mientras que Luis Galván y Jorge Olguín ocuparon el lugar de Pavoni y Van Tuyne, los otros dos campeones juveniles. De esta manera, la defensa formó con Olguín, Galván, Passarella y Tarantini, de derecha a izquierda, durante todo el mundial.

En el medio campo, otro juvenil, Gallego, se incorporó como volante central. A su derecha jugó Ardiles, figura del Huracán del ´76, y a su izquierda Valencia, otro campeón sub-23. Arriba, Houseman, Luque y Kempes acompañaron en el debut, pero luego Kempes pasó a jugar de 10 en lugar de Valencia y Houseman alternó con Bertoni y Ortiz el puesto de wing.

El sorteo emparejó a los locales con Hungría, Francia e Italia. Las tres selecciones habían acabado primeras en la fase de clasificación, Italia con el plus de haber dejado afuera a Inglaterra. En el debut ante Hungría, el pánico escénico se apoderó de los capitaneados por Daniel. Karoly Csapo enmudeció a un Monumental repleto con su gol tempranero y el cuadro albiceleste tuvo que recuperarse ante un rival que había salido a buscar el empate y estaba ganando a los 10 minutos del juego. Durísimo partido, dos expulsados en Hungría (Töröcsik y Nylasi) y tres lesionados en Argentina (Ardiles, Kempes y Passarella). El "Tolo" Gallego y el capitán pusieron la garra para dar vuelta el resultado. Luque y Bertoni marcaron los goles. Passarella, al final de la contienda hizo esta declaración: “Concretamente, estuve por debajo de mi nivel (…) Inclusive el equipo no anduvo bien, pero demostramos que cuando técnicamente las cosas no salen tenemos fuerza para superar ese problema.”*

Si uno tuviese que comparar a ese cuadro con otros campeones futuros, se podría decir que la selección argentina del 78 era una mezcla de la Francia de Zidane con la España ganadora en Sudáfrica. El equipo tenía muchísima garra, pero también técnica. El propio Passarella era un compendio de ambas cosas, a las que además agregaba el gol. Su primer tanto llegó ante Francia de penal. Los galos no tuvieron suerte en aquel mundial, pero ese equipo de Michel Hidalgo dejó un residuo que llevaría a "Les Bleus" a ser semifinalistas en los dos mundiales siguientes y a ganar la Eurocopa de 1984. Un joven Platiní marcó el empate, pero Luque desemparejó con una volea increíble. Antes del 2-1, el arquero titular, Bertrand-Demanes, se había roto la espalda intentando sacar un tiro de Daniel Valencia.

Contra Italia Passarella hizo un partido excelente. Anuló a Rossi en el marcaje y fue una amenaza en el juego aéreo. La Squadra Azzurra era la Juventus mas Bellugi (reemplazado por Cuccureddu a los 6 minutos, también de la Juve) Antognoni y Rossi, un equipo compacto, joven y ensayado. Gentile marcó a Kempes, Tardelli a Valencia y el resto hizo zona. Fue un partido incómodo para los de Menotti que se definió por la mínima cuando los transalpinos rompieron el achique con una pared de memoria entre Rossi y Bettega, autor del gol. Argentina perdía así la sede de River y debió jugar la siguiente fase en Rosario.

La segunda ronda fue también en grupos y el onceno local se midió con Polonia, Brasil y Perú en ese orden. Quedar segundos les permitió evitar a Alemania y a Holanda, campeones y subcampeones del mundial anterior. Su primer rival, la selección polaca, era un viejo conocido. La Baile Orly (Aguila Blanca) jugaba a un ritmo vertiginoso. Lato, Bonieck y Szarmach era un tridente notable, apoyados desde atrás por el genial Deyna y por el todoterreno Zmuda. Pero Argentina no se achicó y abrió el marcador con un genial "alley oop" al mejor estilo NBA: centro de Bertoni a la olla que Kempes cabeceó al primer palo. Pocos minutos después, Deyna tuvo en sus pies la posibilidad del empate, pero su penal fue a dar a las manos de Fillol. En el segundo tiempo, Kempes remató la faena.

A diferencia de lo esperado, el duelo entre Argentina y Brasil fue un fiasco. Ambas selecciones se habían adaptado a los requerimientos del fútbol moderno luego del fracaso del Mundial 74 e intentaban juntar la velocidad europea con la técnica sudamericana. Los dos equipos estaban tan trabajados físicamente que olvidaron por momentos sus raíces futbolísticas, decidiéndose a no marcar goles. Contra Perú fue distinto. Argentina no solo encontró un rival físicamente destruido y sin chances matemáticas de clasificarse -algo raro para un equipo que había quedado primero en la fase de clasificación, por encima de Holanda-, sino que el juego mismo de la selección incaica era más parsimonioso y laborioso que el de sus rivales anteriores. Pero al ganarle Brasil a Perú por 3-0 y a Polonia por 3-1, obligó a los anfitriones a marcar cuatro goles. Menotti convenció a sus hombres de que podían anotar dos goles por tiempo si disparaban lo suficiente al arco, sin dejar reaccionar al adversario: “Passarella constantemente se iba, Olguín se iba en cada jugada, y realmente era Galván el que se quedaba ahí atrás: Galván y Tarantini o Galván y Olguín. Pero, asimismo, teníamos que pensar nosotros de mitad de cancha hacia delante y no para atrás…” dijo Mario Kempes, varios años después.** Al finalizar el partido se habló de que el mismo ya estaba arreglado de antemano porque Argentina acabó ganando 6 a 0. Más de treinta años después son muchos los que se sienten indignados por las sospechas, entre ellos el propio Daniel Passarella.***

La final enfrentó a Holanda y Argentina en el estadio Monumental de River Plate. Los europeos salieron a la cancha y cinco minutos más tarde lo hizo Passarella escoltado -cuando el acto protocolar indicaba que ambos equipos debían salir juntos-. El propio Káiser advirtió al árbitro que uno de los mellizos van der Kerkhof, René, traía un yeso en la muñeca derecha y el colegiado se lo hizo cambiar. El hecho parece anecdótico, pero así el local consiguió 7 minutos más de demora propicios para generar molestia en algunos hombres del conjunto rival. Luego se dio la mano con Krol y Kempes y Luque hicieron el saque desde el medio.

Argentina pegó primero con un remate su capitán, que se comió un gol en la puerta del área chica, llegando por sorpresa tras un centro pasado de Olguín. Holanda respondió con un formidable cabezazo de Rep y con otro derechazo suyo, que Ubaldo Fillol, de extraordinarios reflejos, sacó al corner. A los 38 minutos, gol de Mario Kempes y el país explotó como una bomba atómica a lo largo y a lo ancho de su territorio. Primer tiempo: 1-0 el local arriba.

En el segundo período, entró Nanninga por Rep y ya no se fallaron goles. Larrosa (recién ingresado por Ardiles) se quedó enganchado cuando todos sus compañeros salían para dejar en offside a los holandeses. El astuto René Van der Kerkof se coló por la derecha y centró para Nanninga, quien clavó el empate de cabeza faltando 8 minutos para acabar la final. El partido se puso tenso y aguerrido y el temor se transformó en patadas -el árbitro italiano solo sacó 4 amarillas en los 120 minutos-. En el último ataque holandés, Rensembrick, hasta entonces goleador junto con Mario Kempes, recibió un pase y le ganó las espaldas a Olguín. Sin tocar la pelota, burló la salida a Fillol y luego estrelló su remate en el palo. Era el minuto 90 y "los naranja", por unos centímetros, casi ganan su primer Mundial.

Primer suplementario, los dos equipos salen a ganar. Saca Passarella una falta, recibe Ortíz que enseguida lo ve a Kempes entrar como una bala. El Matador dispara al cuerpo de Jongbloed, el rebote lo favorece; dos holandeses van con plancha -y él también- pero gana el cordobés. 2-1 a los 15 del primer suplementario. Kempes Bota de Oro con 6 tantos. Segundo suplementario. Gol de Bertoni a los 11 minutos. Los holandeses piden mano en el área. 3-1 para Argentina. Campeones del Mundo.

Passarella levantó la copa con cara de nene provinciano. Fillol, Gallego, Kempes y él fueron elegidos en el Equipo Ideal Argentina ´78. Hasta el día hoy, éste sigue siendo el Mundial menos recordado y menos reconocido de los dos que ganó la selección. Ya pasaron más tres décadas y el de Chacabuco todavía debe soportar el peso de ser llamado "vende-patria", cuando en realidad lo único que hizo fue salir a la cancha a competir como lo que verdaderamente era: un líbero excepcional.

La próxima semana, final este de esta biografía con las campañas passarellianas de España´82, México´86 y el calcio italiano. No se lo pierdan.

CITAS:

* Declaraciones de Passarella luego del partido con Hungría –Mundial´78-, "Libro oficial del «Ente Autárquico Mundial 1978» del XI Campeonato Mundial de Fútbol", pag 35.

** Mario Kempes, "ESPN Perfiles: Cubillas, Uno de los Mejores Jugadores en la Historia del Fútbol (Parte2)" –video publicado en you tube-.

*** La FIFA reabrió el caso, les paso este link por si les interesa el tema:Click aquí para ir al artículo

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