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Desgarro muscular

Plano de las dimensiones de un campo de fútbol

Para jugar al fútbol es necesario una pelota y un terreno medianamente decente en cualquier barriada del planeta. Los jugadores aficionados abundan. Prueba de esto es la facilidad con la cual dos escuadras pueden ser reunidas en cuestión de minutos; incluidos los tres cambios de bando y bando. Y desde luego las jóvenes promesas que aguardan su posible ingreso cuando el tiempo reglamentario esté expirando. La organización en el campo es prácticamente la misma desde los comienzos del deporte. Quizá por esto también abundan los técnicos de oficio. Pilares del éxito o del fracaso de sus dirigidos.

Hay jugadores de domingo con buenas condiciones técnicas y físicas. Aunque la mayoría son figuras poco armónicas y torpes. Triste realidad que impregna el espectáculo dominical de burla y adjetivos de grueso calibre, cuando no son imágenes de padres de familia lesionados a causa de tirones y desgarros musculares. Algunos entre ellos poseen una mínima habilidad futbolística que puede ser aprovechada en la cancha. O una ventaja extradeportiva que igual es válida en aras de la victoria.

En el primer grupo de comodines se destacan los gigantes con capacidad de cabezazo, un arquero de baja estatura pero con las ganas de revolcarse, incluso hasta un volante creativo con problemas de sordera. Los otros jugadores son alineados desde un punto de vista meramente estratégico. Por ejemplo contar con los servicios del hijo del árbitro o un ex convicto tiene repercusiones psicológicas en el contrario. Porque en el campo de juego no hay amistades. Los ganadores conquistan elogios momentáneos del respetable mientras otro equipo ocupa sus posiciones en el terreno y así ocurre la tarde entera. En cambio un resultado adverso se prolonga más allá de los 90 minutos.

Imagen de Maradona para la final de México 1986

El periodista y novelista ruso Serguei Dovlatov escribió en alguna ocasión “hace mucho tiempo no divido a los hombres en buenos y malos… ni en ángeles ni demonios”. Tal vez porque él era protagonista de gran parte de sus relatos. Dentro de un terreno no puede haber once protagonistas. Ni en el barrio ni en un equipo profesional. La diferencia entre los buenos y los malos jugadores es precisamente el aspecto más cruel del fútbol. Además del salario. En el resto de profesiones hay un campo de acción más amplio y duradero para los mediocres. Y ni hablar del periodismo. Aquí las palabras de Maradona al ser abordado por un colega luego del antológico partido Inglaterra - Argentina en el mundial de 1986. “Yo metí la cabeza y Dios la mano”. Otro hubiera corrido el riesgo de ser linchado o excomulgado. Unos 100.000 asistentes al Estadio Azteca en México fueron los testigos de su peor canallada y su más perfecto milagro futbolístico. Dos tantos a uno venció Argentina a Inglaterra aquella tarde de domingo. Y luego se coronó campeona del mundo. Es fútbol es simple cuando se tiene un crack en la cancha.

Ps: El anterior texto es un desastre. De otro lado, no han faltado las voces que dicen que Maradona es un inexperto para hacerse cargo de la dirección técnica de Argentina. Incluso en esta misma página. Más que su inexperiencia, lo digo a título personal, me preocupa su bocaza. Parodiando a Fontanarrosa: “Algo debe saber este chico de fútbol”. Y espero que lo haga decorosamente. Lo digo como admirador del fútbol que practicaba.

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